Me encanta pensar que cada viaje puede ser una odisea, una mágica aventura en la que conocemos el origen pero no el final. Ese lapso pendular que va de lo previsible a la casualidad y es capaz de convertir el viaje más aburrido en algo inolvidable lleno de sueños, mística, irrealidad, sorpresa. No sabemos nada del azar salvo que existe...

No hay comentarios:
Publicar un comentario