El agradecimiento es un acto luminoso y también de profundo reencuentro con quienes nos abren caminos, casas, corazones, para ayudarnos a seguir nuestro destino, que a veces transitamos
acompañados o solos, aunque siempre está el viento, el sol, la lluvia, y los desbordantes colores de la naturaleza, con sus campos amarillos de girasoles que rotan buscando el sol en decenas de hectáreas, o rojos intensos como el de los pimientos que tiñen los campos de Salta, el azul turquesa que nos regala la magia del mar, su arena amarilla y el revoloteo de sus compañeras, las gaviotas. Colores, estridentes, sensibles, brillantes que van describiendo los distintos paisajes. Regalos de la tierra, para el alma y los ojos, la tierra, solo una pausa en la eternidad, que caminamos guiados por la atemporalidad del mago y escuchando los mensajes del cielo, imperio de los pájaros.
Los colores son muchos y variados, pero también tenemos que sumar el de la música, las risas, los sabores y los amaneceres.
A veces acompañados y otras solos con el viento y el misterio de la vida...

No hay comentarios:
Publicar un comentario