Una ciudad es como una casa, la mía está poblada de fantasmas de infancia, de olores antiguos, de la memoria de los que sigo amando. Recuerdos de patios inmensos, de veranos largos. Nunca la dejé pero igual la nostalgia no me abandona. Quien sabe porque desciframos lo que ya fue y no vuelve, lo que será algún día.
Observando de frente, la reconozco mía aunque también ajena, todo cambia, nosotros los de entonces ya no somos los mismos. En su corazón están mi infancia, mis padres, mis hermanos. Está mi hija, mis amigos. Además el río ese que siempre pasa, al que voy poco y que todos lo veranos intento retener.

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